No estás solo(a), y no es tu culpa ni la suya.
Son las 7:30 p.m. Has recordado tres veces que es hora de guardar los juguetes o apagar la pantalla. A la cuarta vez, tu voz sube de tono. La respuesta de tu hijo no es una simple negativa: es una explosión total.
Lo que estás viendo —el grito, el golpe, la resistencia— no es el problema real. Es solo el síntoma. Si tratamos de corregir solo el comportamiento, es como intentar apagar un incendio forestal soplando sobre las llamas. El verdadero fuego ocurre debajo de la superficie... en su sistema nervioso.